Dra. Yennifer PascalisNutrición clínica y metabolismo

La obesidad es una enfermedad metabólica, no falta de voluntad

La obesidad es una enfermedad metabólica crónica, así la reconoce la OMS. Te explico qué pasa en el cuerpo, por qué las dietas fallan y cómo se trata hoy.

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En este artículo
  1. Obesidad, enfermedad metabólica: qué significa exactamente
  2. Por qué el cuerpo defiende el peso que ganó
  3. Lo que la culpa le hace al tratamiento
  4. Cómo se trata una enfermedad metabólica (y por qué no es solo dieta)
  5. ¿Cuándo acudir a consulta?

La obesidad es una enfermedad metabólica crónica. Así la clasifican la Organización Mundial de la Salud desde hace décadas y las principales sociedades médicas del mundo, incluida la Sociedad Mexicana de Obesidad. No es un defecto de carácter ni el resultado de “no echarle ganas”. Es una condición en la que los sistemas que regulan el hambre, la saciedad y el almacenamiento de grasa se desajustan, y una vez desajustados, defienden el peso ganado con la misma fuerza con la que el cuerpo defiende su temperatura. Entender esto cambia todo: cambia cómo te hablas a ti misma y cambia qué tratamiento tiene sentido.

Obesidad, enfermedad metabólica: qué significa exactamente

El metabolismo es el conjunto de procesos con los que el cuerpo transforma lo que comes en energía y decide qué guardar. Está regulado por hormonas y por el cerebro, no por la fuerza de voluntad. Cuando hablamos de obesidad como enfermedad metabólica nos referimos a que esa regulación está alterada: el cerebro recibe señales equivocadas sobre cuánta energía hay guardada, y responde pidiendo más comida y gastando menos.

La grasa, además, no es un almacén pasivo. El tejido adiposo produce hormonas y sustancias inflamatorias. Cuando crece más de la cuenta, sobre todo en el abdomen, esa inflamación de bajo grado afecta al hígado, al páncreas y a los vasos sanguíneos. Por eso la obesidad va tan de la mano con resistencia a la insulina, prediabetes, hígado graso, hipertensión y colesterol alto. No son enfermedades separadas que aparecen por mala suerte; son ramas del mismo tronco.

Por qué el cuerpo defiende el peso que ganó

Aquí está la parte que explica casi todas las frustraciones que escucho en consulta. El cerebro tiene un “punto de ajuste” del peso, algo parecido a un termostato. Cuando bajas de peso con una dieta, ese termostato interpreta pérdida y activa defensas: la leptina (la hormona que avisa que hay reservas suficientes) cae, la grelina (la del hambre) sube, y el gasto de energía en reposo disminuye más de lo que correspondería al nuevo peso.

En estudios clínicos se ha visto que estos cambios hormonales persisten más de un año después de bajar de peso. Es decir, el cuerpo sigue empujando a recuperar lo perdido mucho después de que terminó la dieta. Eso es lo que la gente llama “rebote” y se atribuye a sí misma como fracaso. No lo es: es fisiología.

Hay también un componente genético fuerte. Los estudios en gemelos muestran que la tendencia a ganar peso se hereda en una proporción comparable a la estatura. Nadie diría que alguien es bajo de estatura por falta de disciplina.

Lo que la culpa le hace al tratamiento

Cuando una paciente cree que su peso es su culpa, llega a consulta con vergüenza, pospone años la atención y prueba métodos cada vez más extremos. Cada intento fallido confirma la idea de que “no puede”, y cada dieta muy restrictiva le quita músculo y le deja el metabolismo un poco más lento. El estigma no motiva; empeora el problema.

Por eso en mi consulta la primera conversación no es sobre lo que has hecho mal, sino sobre qué está pasando en tu cuerpo. Con historia clínica, composición corporal por InBody y laboratorios se ve con claridad qué sistemas están alterados y desde dónde hay que empezar.

Cómo se trata una enfermedad metabólica (y por qué no es solo dieta)

Si la obesidad fuera una cuestión de voluntad, el tratamiento sería un plan de comidas y una lista de consejos. Como es una enfermedad, el tratamiento es médico y se ajusta a cada persona. Tiene tres componentes que trabajan juntos:

  • Alimentación que no dispare la insulina y que conserve el músculo: proteína suficiente, fibra, grasas de calidad y menos productos ultraprocesados. Sin pasar hambre, porque el hambre activa las defensas del cuerpo.
  • Movimiento, con énfasis en fuerza, porque el músculo es el tejido metabólicamente más activo.
  • Tratamiento farmacológico cuando está indicado. Los medicamentos GLP-1 como Mounjaro (tirzepatida) y semaglutida actúan justo sobre las señales de hambre y saciedad que están alteradas, y mejoran la sensibilidad a la insulina. Son la primera herramienta que trata la causa y no solo el síntoma. Se usan siempre con valoración y receta médica, con ajuste de dosis y seguimiento, y no en embarazo ni lactancia.

Como cualquier enfermedad crónica, la obesidad se controla a lo largo del tiempo. Quien tiene hipertensión no toma su medicamento dos meses y lo deja “porque ya se curó”. Con el peso es igual: el objetivo es un tratamiento que puedas sostener y que vaya ajustándose a tu cuerpo.

¿Cuándo acudir a consulta?

Si tu índice de masa corporal está en rango de sobrepeso u obesidad, si tienes grasa concentrada en el abdomen, si has bajado y recuperado peso más de dos veces, o si ya te detectaron glucosa, triglicéridos o presión elevados, es momento de tratarlo como lo que es. También si simplemente estás cansada de intentarlo sola. Puedes leer más en sobrepeso y obesidad.

Una valoración completa es el primer paso para saber qué está pasando en tu cuerpo y qué tratamiento te corresponde. Te atiendo en Monterrey o por consulta en línea.

Este artículo es informativo y no sustituye una consulta médica. Cada caso se valora de forma individual. Escrito y revisado por la Dra. Yennifer Pascalis Orozco, cédulas 7308401 y 201908355.

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